lunes, 19 de noviembre de 2012

Hacer las cosas de siempre pero aquí

Sé que hace un porrón de tiempo que no escribo pero tengo una muy buena excusa: la pereza es una enfermedad muy fea. Va, bien, no es una excusa válidad, pero es la verdad.

Desde mi última entrada han pasado cosas, muchas, algunas sobre las que intentaré escribir en entradas posteriores (pero no prometo nada) y algunas sobre las que no escribiré JAMÁS (¡hola mamáaa!). También quiero escribir entradas útiles sobre cuánto cuesta la vida en Padua o el papeleo a la italiana.... (pero tampoco prometo nada). Es más, ahora, en este momento, en el que estoy tumbada en la cama con el portátil sobre el ombliguito después de un día de ir a prácticas, a clase, de hacer la comprar y limpiar el cuarto, me propongo escribir un par de entradas de un tirón y quedar como una reina (o al menos guardar algo en la despensa para otro periodo de prolongada pereza) pero no prometo nada porque hacer el idiota por Facebook también me llama.

Bueno, va, después de dos párrafos de tonterías demostrando que sigo viva va la entrada en sí: cómo me he acostumbrado hasta tal punto a Padova que ya hago aquí casi todas las cosas que hacía en Las Palmas (y no, no me refiero a hacer la compra o limpiar mi cuarto, porque eso NO lo hacía en mi casa). Me refiero a cosas como ir al cine, así porque sí, de plan de sábado tarde o ir a almorzar Sushi del modo que a mí más me gusta: ¡paga 10€ y come hasta que revientes! Con esto quiero decir que ya no todas las salidas son para hacer cosas típicas de italia, ya todo no es salir a beber Spritz, a marchas erasmus, comer pizza o dar un paseo con un gelato italiano chorreando entre los dedos, no. Con esto quiero decir que me siento como en casa casi siempre, aunque con más frío, y que me he dejado convencer para ir a ver la segunda parte de Breaking Dawn al cine (sí, pagando lo que cuesta el cine) en italiano y casi casi no me tuvieron que someter a tortura. Y bueno, va, lo admito... de las pelis de Crepúsculo es la mejor.



PS: aquí os dejo mi recomendación cinematográfica de la semana. NO. Pero al menos así pueden ver que en italiano hasta Crepúsculo parece una peli mejor.


domingo, 4 de noviembre de 2012

En los ojos de un isleño siempre se ve el mar

Ayer fuimos a Trieste. Trieste es una ciudad pequeñita, casi en la frontera de Italia con Eslovenia y que yo no sabía que existía hasta hace tres días (sí, lo sé, yo soy así, un increíble saco sin fondo de cultura y un as de la geografía).

Trieste está a la distancia de un madrugón y de 12 euros de tren. 

Cosas buenas del viaje a donde Cristo perdió las sandalias:
- Éramos un grupo grande y bastante variopinto (españoles, italianos, un brasileño, una finlandesa un alemán...) y pude practicar mucho italiano e inglés, e incluso dije algunas frases en mi alemán cada día más feo.
- Vi el mar. Y siendo como soy una persona que ha visto el mar casi a diario durante los 21 años de su vida, que lleva un mes sin siquiera atisbarlo, esto es importante. Me senté un rato al borde del muelle y miré hacia el horizonte echando un poco de menos estar en casa, que es algo obligado que tiene que hacer todo canario "exiliado" que se encuentre con las olas a sus pies... Después me levanté, dejé de echar de menos y me fui a beberme el chocolate caliente más caro del mundo.

Por lo demás Trieste es bonito, pero es un sitio que te haga flipar en colorines. Es una ciudad como otra cualquiera, sin mucho en especial, excepto esto de que tiene mar. Muchas veces incluso, caminando por algunas de las calles de la ciudad, si ignoraba las lenguas que escuchaba hablar, podía creerme que estaba en Triana, camino a tomarme un helado en el Fior di latte.






 PS: Trieste es más bonita de noche, cuando todo se ilumina.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Halloween y el arte de practicar el Origami borracha

El día de Halloween no pudo empezar peor: ¡nada más salir de casa se me engancharon mis vaqueros favoritos (vamos, los típicos que te hacen un culo chupi) a la bici y se me hizo un roto bonito bonito! Lo peor de todo esto es que se me rompieron en la puerta de la residencia pero yo llegaba ya tan jodidamente tarde a las prácticas que no disponía de 5 malditos minutos extra para cambiarme. Así que me pase toda la mañana con un orificio de ventilación curioso en la pernera derecha, con la bata abrochada hasta abajo para disimular, hasta que pude encontrar un hueco para meterme en el H&M (una de las pocas tiendas que hay por aquí cuyo nombre no me suena a chino y sus precios no duplican los de España) en busca y captura de algo decente que ponerme para el resto del largo día lejos de la residencia.

Bueno, ahora que lo pienso, el día de Halloween sí que podía haber empezado peor: ¡podía haber llovido! Además, encontré en el H&M unos vaqueros preciososssss, que me quedan mejor incluso que los otros, que quizás (quizás no, SEGURO) no me habría comprado si no hubiera sufrido ese percance con la bicicleta.

Y respecto a la fiesta de Halloween en concreto, pues por la noche sí llovió. Llovió mucho. Muchísimo. Mogollón. Mazo. Fleje... Así que el plan de fiesta bacanal hasta que el cuerpo aguantase quedo limitada a la fiestecilla de la resi, donde casi nadie tenía un disfraz en condiciones y la necesidad sacó a relucir la imaginación. Por ejemplo, yo fui de "zombie" y mi disfraz básicamente consistió en pasarme mucho mucho con la base de maquillaje y la sombra de ojos y usar el lápiz de ojos para pintarme cicatricez aquí y allá... pero también había un señor y una señora Obama que había abusado de la base oscura, unas gatitas con orejas de papel o un integrante de Kiss con una guitarra de cartón (que no se sabía Beth, así que ahí terminó mi conversación con él).

En la fiesta se acabó el alcohol pronto (debo admitir que yo tuve parte de culpa), también probablemente porque había más gente en la fiesta que los que se suponía que íbamos a estar. Así que a la 1 de la mañana me vi en la habitación de un chico brasileño (en realidad la habitación era de un amigo suyo, él está de okupa en la resi durante unos días) para beber de un licor de frutas que se había traído desde Alemania. Nos sentamos en la cama a beber y a hablar italiano... Y una cosa llevo a la otra y acabamos... ¡HACIENDO ORIGAMI! No, es en serio. Origami. Papiroflexia. Y ya. Yo hice un barquito y un corazón de papel y él se desvivió por intentar hacer una gruya, que no acababa de salirle... pero es que doy fe, hacer figuritas de papel estando como una cuba es más difícil que intentar ir en bici sujetando un paragüas.

¡Si es que a mí me gusta terminar las fiestas con estilo propio!






El Dr. Molón

Toc, toc.
- Avanti! - respondió una voz al otro lado de la puerta.
- Buenos días, estoy buscando al Dr. Molón.
- ¡Ése soy yo! Dime, ¿en qué puedo ayudarte?
 La estudiante se balanceó un poco sobre la punta de los pies y pronunció de corrido el discurso que había preparado:
- Soy una estudiante Erasmus y tengo que hacer un tirocinio de "una asignatura muy aburrida que no me gusta nada" y me han dicho que tengo que hablar con usted.
El Dr. Molón asintió con la cabeza, sonrió, e ignoró el tema de las prácticas completamente.
- ¿Española, verdad?
- Sí.
- ¿De dónde?
- De Canarias.
- Ahhhh, Canarias - y la sonrisa se hizo en ese momento más amplia en su cara hasta convertirse en esa estúpida mueca bobalicona que parecían poner todos cuando la chica mencionaba que era de esas islas -. Yo estuve hace unos años en un congreso de Neumología en Tenerife... las playas, el Sol... PRECIOSA.
- Yo soy de Gran Canaria - y Tenerife es caca... así que mal empezamos amigo mío.
Entonces el médico, reclinado sobre la silla de su escritorio empezó a contar la historia de su viaje a Tenerife, a hablar de lo tarde que cenaban los españoles, de lo parecidos que eran el italiano y el español y que incluso sus hijos comprendían los dibujos animados en español... y de lo bien que hablaba italiano la chica para llevar sólo un mes en Italia.
- Bueno, y respecto al tirocinio, si te soy sincero, no tengo ni idea de lo que se supone que tienes que hacer tú en las prácticas o si yo te tengo que firmar algo...
- Sí, un libreto verde...
- Ah, bien, ¿sólo? ¡Vale! ¿cuándo quieres empezar?
 - Preferiría empezar cuanto antes...- para no tener que salir de casa cuando haga un frío que congele hasta a los pingüinos y para poder estudiar para los exámenes.
- Yo me voy a un congreso esta semana, así que... ¿qué tal empezar el lunes 12?
- ¡Perfecto! ¿A las 8?
- ¿A las 8? ¡Estás loca! Las 8 para los españoles es como las 5 de la mañana para los italianos. Quita, quita. Tú ven a las 10.
En ese momento una imagen fugaz se hizo eco en la mente de la chica: ella yendo a las fiestas erasmus de los miércoles. Ella no teniendo que poner el despertador. Ella durmiendo por las mañanas en vez de sufrir los malditos 3ºC que podía haber en la calle a las 7 ... Le costó mucho no sonreír y casi, casi, se le escapó una lagrimita.
- ¿A las 10? Pero yo a las 11.30 tengo clases. Hay días que no podría quedarme mucho...
- Bah, eso da igual. Tú vienes, hacemos la ronda de mis pacientes y en una hora como mucho te vas a clase o a casa o a dónde quieras...
- ¿¿En serio?? - Dr. Molón podrías ser mi padre pero creo que te quiero.
- Sí, claro, una hora es suficiente - guiño. Sonrisa -. ¡Nos vemos el lunes 12 entonces!
- ¡De acuerdo!
- Por cierto, ¿cómo te llamas?
- Me llamo P.
- ¡Increíble! No te llamas María como todas las españolas!
- Bueno, en realidad mi segundo nombre es María - y conozco a relativamente pocas españolas que se llamen así.
- ¿Te cuento algo que no sabe nadie? ¡El mío también! Mis padres... blablabla... nací el día de... blablabla... en mi ciudad... blablabla... así que me llamo Molón María.
- ¡Ah! ¡Qué curioso! - sonrisa y.... CORTEN - Arrivederci!

El Dr. Molón... ¡já! ¡mis ganas! ¡OJALÁ!